La lagrima del Islam

Sus imponentes farallones rocosos convertian en inxpugnable cualquier fortificación construida en sus cumbres.

Estas tierras de la Marina Alta estuvieron intensamente pobladas durante la ocupación musulmana. Aparte de su riqueza económica, por la eficaz explotación de sus tierras, mantuvieron un alto valor estratégico. Un valle, como el de Gallinera, perpendicular a la línea de costa, se convertía en el paso natural entre las tierras del interior y el litoral.

Como lugar de tránsito de primera magnitud, estuvo bien defendido por los potentes castillos cuyas ruinas aún podemos admirar en nuestros días. Además, sus imponentes farallones rocosos permitían que cualquier fortificación construida en su cumbre se convirtiese en inexpug¬nable con poco esfuerzo.

La belleza de estas tierras era proverbial ya en aquellos tiempos y cuenta la leyenda que en la época en que los musulmanes habían perdido ya todos sus territorios en la Península y comenzaba la expulsión, llegó el momento de abandonar la Vall de Gallinera.

Era el siqlo XVII y los musulmanes eran embarcados masivamente, teniendo que dejar abandonados sus tierras, pueblos y castillos. Se dice que partiendo a su lugar de embarque en Denia, el último príncipe musulmán con su séquito se volvió a mirar por última vez la Vall de Gallinera pronunciando unas palabras que han llegado hasta nuestros días por tradición oral:
"No me importa perder un imperio en justa batalla pero solo abandonar la Vall de la Gallinera puede hacer llorar a un príncipe del Islam."
Y acto seguido sus lágrimas cayeron, por última vez, sobre las tierras de la Vall de la Gallinera.

Nubes bajas en la montaña
Camino sobre el valle
Cerezo en el Vall de La Gallinera
Cerezas