La Gallinera es un valle alargado de apenas diez kilómetros de longitud que acoge en su interior nada menos que a ocho pequeñas poblaciones. La rambla de Gallinera, que discurre en todo su trazado, recoge las escasas precipitaciones para desaguarlas en el marjal de Pego.
La orografía ha condicionado con fuerza la historia de estos pueblos. No es de extrañar que fueran refugio de musulmanes irreductibles primero y de bandoleros después.
Encajados entre montañas, la presencia turística en sus pueblos es casi inexistente pese a encontrarse relativamente cercanos a núcleos de la importancia de Gandía, Oliva o Denia. Este aislamiento ha preservado la tran-quilidad en sus habitantes, ajenos en gran medida al bullicio de la costa.
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