Cultura e historia

El viajero se sorprenderá con los restos que todavía puede hallar del pasado de estas poblaciones.

Durante la Reconquista y según los tratados realizados entre los reinos castellano y aragonés, Enguera correspondía a zona aragonesa. Pese a ello los castellanos ocuparon la villa, a lo que se opuso Jaime I. Finalmente por el tratado de Almízra del 1244 se incorporaría definitivamente al Reino de Valencia.

En 1248 fueron expulsados los musulmanes y pasó a manos de Pelayo Pérez Correa. Posteriormente, sería concedida a Pedro Maza de Lizana, Miguel de Borja y a los condes de Cervellón consecutivamente.
Montesa, durante la conquista cristiana, desempeñó una importante función como bastión fronterizo. En ella se refugió el caudillo musulmán Al Azraq.

En el 1289 el rey Alfonso concedíó carta puebla a Montesa y Vallada quedando incorporada al patrimonio real. En 1317 por deseo de Jaime 11 se creó la orden monástico-militar de Montesa sustituyendo a la desaparecida Orden del Temple. De este modo tanto la villa como el castillo adquirieron gran importancia, llegando a ser capital de una de las gobernaciones en que estuvo dividido el Reino de Valencia.
El viajero se sorprenderá con los restos que todavía puede hallar del pasado de estas poblaciones.

En Enguera sobre el cerro que domina la villa hay restos de un castillo de la época musulmana. También se pueden visitar el caserío de Benalí y la aldea de Navalón. Así mismo, resulta muy interesante su templo arciprestal de estilo herreriano. Contiene pinturas de Garnelo y Segrelles. Su construcción llevó casi un siglo, desde 1585 a 1676, si bien el campanario, de 50 metros de altura, se finalizaría en el siglo XVIII. En la población también se encuentra el monasterio de Carmelitas, fundado a mediados del siglo XVII.

Pero es en Montesa donde, sin duda, el viajero se encontrará las mejores muestras del pasado medieval de la Comunidad Valenciana. Coronando la cumbre que domina la población, se distinguen desde lejos las ruinas de su histórico castillo declarado Monumento Arquitectónico-Artístico en 1926.
En el núcleo urbano algunas de sus calles conservan retablos cerámicos con imágenes y pétreos escudos en las fachadas que recuerdan permanentemente la presencia secular de la Orden de Montesa.

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