La Comunidad Valenciana es, sin duda, una tierra de contrastes. En pocos lugares se pueden observar paisajes tan distintos y tan próximos unos a otros. El Carrascar de la Font-Roja es un claro ejemplo.
A pocos kilómetros se divisan las áridas pendientes meridionales de la Serra de Mariola, totalmente distintas a la frondosidad exuberante del carrascal. Es precisamente esa diversidad una de las mayores riquezas de nuestro patrimonío natural.
Los bosques fríos, como el Carrascar de la Font-Roja, constituyen probablemente nuestros ecosistemas más frágiles y sensibles a la alteración irreversible.
Si, como dicen, cada rincón de nuestras montañas encierra un tesoro, el de la umbría del Menejador es de los más valiosos.
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